Experiencias

El equilibrio entre el amor y el desapego

El amor espiritual es el amor genuino y desinteresado que surge de lo profundo de nuestro ser. Este amor se ha vuelto tan poco común que para muchos queda en entredicho su existencia. El amor espiritual se caracteriza por la capacidad de respetar a los demás tal como son y ser capaces de dar sin esperar un retorno. Esta calidad de amor otorga la libertad y nos permite y capacita a crecer y manifestar nuestra singularidad. Lo que sucedes es que con frecuencia no mantenemos la distancia sana y equilibrada en relación a aquellos a quienes amamos y debido a ello, en lugar de dar de forma desinteresada, empezamos a crear expectativas, exigencias y sentimientos de posesividad. Cuando confundimos el amor con el apego, de forma inconsciente empezamos a crear ataduras con los demás. Los indicadores del apego o de la posesividad son las preocupaciones, los miedos, la inseguridad, los celos y finalmente, el sufrimiento. Este amor basado en el apego no sólo perjudica la amistad y las relaciones en general sino que provoca que perdamos el respeto hacia nosotros mismos, nos hace dependientes e inestables. Es algo natural que el ser humano necesite amor y respeto, pero la realidad es que no vamos a poder recibirlo sólo pidiéndolo o esperándolo, o considerando que es un derecho. El amor y el respeto de los demás los obtenemos cuando nos damos cuenta de que primero tenemos que darlos sin expectativas.

En ese sentido, cuanto más damos a los demás desde una actitud altruista, es decir, sin esperar un retorno, más recibiremos. De no ser así puede que demos mucho y descubramos que no recibimos nada a cambio. En ocasiones, cuando el dar está mezclado con el apego, sentimos que queremos dar especialmente a alguien, queremos lo mejor para esa persona, pero detrás de este dar siguen existiendo expectativas. Y si esa persona no acepta lo que le damos o no responde a nuestras expectativas, nuestros sentimientos cambian. No hemos comprendido una ley básica espiritual: “No importa cuánto demos a los demás, depende de ellos cuánto quieran tomar”. Nuestra verdadera tarea ha de ser mantener pensamientos positivos y sentimientos de cooperación hacía todos. No necesitamos preocuparnos por cuánto quieran tomar o no, o culparlos sí no toman nada. El ser humano es libre de escoger para sí mismo lo que quiere hacer y hasta qué punto quiere hacerlo. Lo importante es centrarnos en hacer lo que entendemos como correcto; esa es nuestra principal prioridad. El amor y desapego facilitan que en las relaciones exista un espacio suficiente para que cada cual se exprese en libertad, sin condicionamientos, sin sentirse influenciado ni presionado. Estas cualidades, equilibradas con sabiduría, favorecen unas relaciones sanas, verdaderas y estables.

Guillermo Simó,
profesor de Meditación Raja Yoga